Un blog para pensar sobre los valores en la vida cotidiana.

Amarás al prójimo como a ti mismo. (Mt,12,31)

Para que marche bien el engranaje de nuestra compleja maquinaria, hace falta una caja de herramientas en la que se encuentran los valores. Entre ellos hay grandes conceptos, esenciales en la condición humana: la libertad, la justicia, la fortaleza, la templanza, la prudencia. Ahí están vigentes desde hace milenios y no creo que el ser humano haya pensado nunca en nada mejor.
Pero hay también valores escondidos. Como valor es todo aquello que se valora, y hoy apreciamos muchas actitudes absurdas, puede ser bonito desentelarañar esos valores pequeños que miran hacia la trascendencia y dan sentido a la vida.
Sobre algunos de ellos quiero reflexionar en este blog porque son ellos los que estarán iluminados desde mi interior el día que me quiera. Y tengo que amar al prójimo como a mí mismo.

lunes, 11 de febrero de 2013

Fábula de los caimanes y los mosquitos

 

 
 
En un bello paraje del inmenso bosque, conocido como el Pantano, todos los animales pequeños –mosquitos, renacuajos, sapos, insectos y aves- están dominados por una especie terrorífica: el gran caimán. Los caimanes son una estirpe interminable de poderosos y magnates que han gobernado el pantano desde el origen de los tiempos. Son los dueños del agua y los recursos, de la tierra y las plantas que crecen sobre ella, dictan las leyes draconianas que deben obedecer todos los animales pequeños y mientras tanto ellos las contravienen a su antojo. Solamente hay algo que no poseen en exclusiva ni racionan a su favor, a pesar de que es el mayor tesoro del pantano. Se trata de la luz del sol.
 
En sorprendente paradoja, los animales pequeños disfrutan más que el caimán de la luz del sol. A diferencia del poderoso reptil, ellos no tienen el cuerpo cubierto de gruesas escamas, por eso el calor llega más profundamente hasta su pobre piel y sus diminutos huesos, hasta sus élitros o sus plumas de colores. Y de esta manera es como si el Sol mismo dijera: yo estoy con vosotros. Con mi luz y mi calor os llega la libertad.
 
El caimán ha aprendido a defenderse de la luz del sol. Para ello ha procurado otorgar mayor importancia a lo que él gestiona, compra, vende y administra, y lleva ya un montón de años diciendo a todos que las rocas húmedas o los helechos sin fruto son imprescindibles para la calidad de vida, mucho más importantes que la luz y el calor del sol. Muchos se lo han creído.
 
Sin embargo, algunos animalillos están empezando a darse cuenta de que el reinado de los caimanes está edificado sobre miedos irracionales, sobre halagos a la vanidad y a los instintos primarios. Comprenden que los caimanes necesitan un pantano adormecido, alienado, ebrio, sin valores, sin proyectos, sin futuro, porque solo así son capaces de mantener su poder incuestionado.
 
La cálida y ardiente luz del sol, que despierta al espíritu, es una energía mayor que todas las demás. Ya hay algún pequeño mosquito que, a cuenta de ella, ha sido capaz de acercarse hasta el mismo hocico del gran caimán y se ha atrevido a decirle: un insectillo como yo, junto con unos cuantos sapos, renacuajos y aves, y con la luz del sol como horizonte, podríamos cambiar el mundo, señor caimán.
A partir de ahora, todo puede suceder.

lunes, 14 de enero de 2013

EL ESPEJO







En un pequeño libro extraordinario que se llama Lettres à un jeune danseur, el famoso coreógrafo Maurice Béjart describe así la relación de un bailarín con el espejo frente al que trabaja tantas horas cada día: “Cuando entras en el estudio de danza, el espejo viene hacia ti, se pone a tu lado, te aspira, te rodea, te devora. Tú eres feliz ante el espejo, crees que te estás viendo en él. Pero el espejo te miente. La imagen que devuelve de ti es la más engañosa, la más falaz, la más subjetiva. En el espejo solo ves lo que quieres ver. Ese que ves en el espejo, no eres tú, nunca eres tú, sino lo que tú quieres ser.”

Probablemente eso mismo nos ocurre a los ciudadanos de a pie ante el espejo de nuestro propio cuarto de baño cada mañana. Y por supuesto, nos ocurre al ver nuestro reflejo en un escaparate al pasar, o en un charco de lluvia. Frente a cualquier espejo sonreímos, para levantar a la vez el ánimo y las facciones.

Estos chiquillos se están mirando también en un espejo. En su caso, de agua sucia en un campo de refugiados del Congo. Ahí los tenemos, crecidos en el reflejo, con sus brazos en jarras, bien derechos, dispuestos para afrontar el día, con el cielo azul brillando sobre sus cabezas como un mensajero del mejor futuro. Ellos también ven en el espejo a quienes quieren ver, por eso parecen vestidos, alimentados, protegidos. Por eso no aparecen en el reflejo esos piececillos sucios, calzados con una sola chancleta, los pies de un niño que tiene hambre y miedo.

Los seres humanos nos fascinamos ante los espejos y tal vez por eso no terminamos de ser quienes debiéramos ser. Seguimos viviendo como si amaneciera cada mañana una sucesión infinita de días; como si no hubiera entre todos nosotros una conexión universal; como si este campo de refugiados no fuera, sencillamente, el lugar donde cada uno de nosotros pudo haber nacido; y sin comprender por qué no fue así. Seguimos sin entender cuánto esfuerzo debemos aportar todos juntos para que suceda eso de “Venga a nosotros Tu Reino”. 

viernes, 21 de diciembre de 2012

NAVIDAD, FAMILIA, UN NIÑO


 
 
 
Es Navidad y sin embargo nos agobia la idea de que este año compraremos menos. Es Navidad y parece que solo hay crisis.
 
Es Navidad y la solidaridad crece, la familia recobra su sentido, la vida nos premia con otra posibilidad de celebrarla.
 
Es Navidad y solo manteniendo su carácter de tiempo espiritual y familiar podemos otorgarle un significado verdadero.
 
Es Navidad y por eso los padres de hijos pequeños que tengan la fortuna de asociarla con un sentido religioso de la vida, deberán potenciarlo en estos días porque la magia del Belén, de los villancicos y de la Misa del Gallo es una reserva de espiritualidad de la que se bebe, como peces en el río, durante el resto de la vida. Y quienes no tengan un sentimiento religioso, al menos que sepan valorar su carácter de fiesta de la familia y enseñen a los hijos a agradecer el privilegio de vivirla con los abuelos, por eso de y nosotros nos iremos y no volveremos más, que dice también el villancico.
 
Es Navidad y eso significa que nace un Niño. Y porque nace cambia el mundo. Cada Nochebuena en el Portal nos invita a cambiarlo. No se cansa de nacer año tras año. No se cansa de invitarnos.
 
Muy felices días santos de la Navidad. Mis mejores deseos ahora y siempre.
 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

TODA VESTIDA DE BLANCO


 
 
Dime niña, ¿de quién eres toda limpia?

Soy de la tierra fría. Soy de un país que está lejos de todos los demás países y se llama Kirguizistán. Soy de un pueblo perdido en medio de ese país remoto. Un pueblecito sin escuela, ni luz eléctrica, ni hospital. Soy de una casa de cemento gris, sin baño, con una sola cama y una sola ventana.

Dime niña, ¿de quién eres, toda desnuda?

Soy de mis padres. Soy de mis cuatro años y de mis ganas de jugar. Soy del agua caliente que me limpia. Aquí vengo, a esta casa de baños, cada vez que mi familia reúne el dólar que cuestan una tina y un barreño. Soy del arroz que como a diario. Quiero decir el arroz con arroz que como a diario. Soy de mi barriguita hinchada. Soy de mi asombro al mirar las estrellas.

Dime niña, ¿de quién eres, tan coqueta?

Soy de mi pelo negro y de mis ojos mongoles. Soy de mi piel del color del sol. Soy de mi futuro, sin libros y sin letras. Soy de lo que seré, tal vez una novia raptada, como mi madre; o una pastora nómada como mi abuela. Soy de la vida que me ha tocado, en el lugar que me ha tocado. Soy de mis sueños de niña kirguís en mi pueblo sin escuelas. Soy de mi peine de plata fina. Soy del espejito mágico que me dice linda.

Dime niña, ¿de quién eres, tan tranquila?

Soy de las cosas que veo, de los hermanos que tuve, de las lágrimas de mi padre cuando el frío le hiere las manos o la bebida le embriaga, de la tristeza de mi madre cuando yo estoy triste, de la alegría de mi madre cuando yo estoy limpita.

Dime niña, ¿de quién eres, toda vestida de blanco?

Soy de la Virgen María y del Espíritu Santo.

 

 

 

domingo, 14 de octubre de 2012

EL ROSTRO HUMANO


 

 

Entre todas las especies que pueblan la Tierra, solamente la humana mantiene una posición erguida y muestra el rostro de frente. Los científicos afirman que esta particularidad se debe a la necesidad de comunicación del hombre, a la palabra. El rostro humano está animado, es el espejo de un alma, y por eso distingue a su dueño, un frágil mamífero bípedo, como imagen del Creador.

Entre todas las maravillas de la naturaleza creo que no hay ninguna más bella que el rostro humano. El de los niños, cuya mirada limpia hace renacer cada día la esperanza; el de los jóvenes enamorados, sinónimo de la belleza; el de las mujeres recién paridas, que acaban de asistir al misterio de la simultánea condición animal y divina de nuestra especie; el de los ancianos, que ya lo han visto y lo comprenden todo. El de cualquier persona por cuyo rostro atraviese una emoción, un recuerdo, una decisión, una alegría, una pena.

Frente al individualismo que asola la sociedad absurda que hemos construido, cada rostro humano frente a nuestro propio rostro nos recuerda que debemos recobrar el personalismo. Martin Buber lo explica muy bien: No existe otra manera de construir una comunidad en la que se equilibren justicia y libertad más que basándola en la relación de encuentro entre personas. Es el diálogo cara a cara, que justifica la posición erguida del hombre frente a las otras especies. La tolerancia y el respeto deben fundamentar este encuentro entre personas. Son valores que deben formar parte de nuestra actitud ante la vida y de la educación de los hijos. Para los antiguos latinos, vivir era inter homines ese - estar entre los hombres - y morir era inter homines ese desinere, dejar de estarlo. En eso mismo seguimos.

               

 

 

 

 

 

jueves, 12 de julio de 2012

ARRIBA




Es curioso que el lenguaje de todos los pueblos de la Tierra sitúe arriba lo bueno y abajo lo malo de la vida. Que hablemos de subir el ánimo, remontar el vuelo, elevar el espíritu, superar la enfermedad. Esperamos la buena noticia de que la economía crece, las grandes oportunidades son “la guinda del pastel”, decimos que los triunfadores están en la cumbre y elaboramos el “top” de las canciones del verano.
Es curioso que todos sintamos un placer especial en respirar el aire de los lugares altos, en subir a los montes o disfrutar de las vistas desde las azoteas y los áticos. Es curioso que de niños soñemos con casitas en los árboles, de jóvenes con coger el ascensor del Empire State y de mayores con ver a los hijos en más alta posición que nosotros. Y por supuesto, es curioso que quienes padecen vértigo sean tan conscientes de que se pierden cosas buenas.
Los pueblos que tienen cerca un monte colocan en su cima una cruz, una ermita, o un tótem si se tercia. En todos los caminos que el ser humano ha recorrido para acercarse al misterio de Dios, la muerte y el infierno están bajo el suelo, y la morada de Dios en las cumbres, desde el Olimpo al Macchu Picchu, con una parada importantísima en el Monte Sinaí y en esa oración esencial que comienza saludando al Padre nuestro que está en los cielos.
Creo que los seres humanos expresamos con estas manifestaciones una intuición profunda: sobre nosotros se extiende un Protector cuya mirada abarca de un vistazo todo lo pequeño de nuestras vidas, como abarca un montañero todo el valle cuando llega a la cima. Seguramente por eso todos deseamos subir.
El verano es buen momento para ir hacia arriba. Al fin y al cabo, “Venga a nosotros Tu Reino” significa “haz que tu casa y tu ciudad sean como el cielo”.

jueves, 21 de junio de 2012

El Camino de Santiago




Una de las cosas más bellas que he hecho en la vida ha sido el Camino de Santiago. No lo hice entero pero sí un tramo suficiente como para sellar la Compostela. Me acompañaban mi familia y unos amigos del alma, con sus hijos también ¡Qué alegría llegar, ver las torres de la catedral, comprender por qué se llama así el Monte do Gozo! Pero sobre todo, qué belleza, qué lección, el camino en sí mismo.

Cada vida humana es como el Camino de Santiago. El peregrino tiene que ir hacia adelante, paso a paso cada día, con euforia en los pulmones a veces, y otras con ampollas en los pies. Lleva compañeros fijos durante mucho tiempo, y ve cómo el camino también les modifica a ellos. Comparte tramos con gente desconocida que, durante unas jornadas se convierten en compañeros y luego se alejan. Duerme en albergues calentitos o al raso, no sabe lo que te espera en la siguiente jornada, conforme va avanzando, le van importando menos las alharacas y más el andar en sí mismo. A veces tiene el privilegio de ver cómo los compañeros de camino más jóvenes, con mejor fuelle, le adelantan y se pierden de vista, en bella metáfora de la realidad de la paternidad. Y siempre, siempre, lleva a cuestas una mochila en la que guarda lo esencial y se arrepiente de haber cargado con lo accesorio.

En la cima del Monte do Gozo, el peregrino comprende que ha llegado al final, que el camino era una meta en sí mismo, y el sentido del camino era esa meta.