Un blog para pensar sobre los valores en la vida cotidiana.

Amarás al prójimo como a ti mismo. (Mt,12,31)

Para que marche bien el engranaje de nuestra compleja maquinaria, hace falta una caja de herramientas en la que se encuentran los valores. Entre ellos hay grandes conceptos, esenciales en la condición humana: la libertad, la justicia, la fortaleza, la templanza, la prudencia. Ahí están vigentes desde hace milenios y no creo que el ser humano haya pensado nunca en nada mejor.
Pero hay también valores escondidos. Como valor es todo aquello que se valora, y hoy apreciamos muchas actitudes absurdas, puede ser bonito desentelarañar esos valores pequeños que miran hacia la trascendencia y dan sentido a la vida.
Sobre algunos de ellos quiero reflexionar en este blog porque son ellos los que estarán iluminados desde mi interior el día que me quiera. Y tengo que amar al prójimo como a mí mismo.
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martes, 15 de octubre de 2013

Dentro de ti


 
 
Dentro de ti hay un niño curioso que todavía se asombra ante la belleza del amanecer. Hay una niña que escribe cartas confiadas a los Reyes Magos.

Dentro de ti hay una muchacha que se sonroja cuando escucha un halago; un joven que hace planes. Hay un adolescente tímido para las decisiones pequeñas y valiente para las grandes.

Dentro de ti hay un hombre joven que busca su camino, una mujer joven que se entrega a su tarea sin reticencias porque sabe que otros la necesitan.

Dentro de ti hay una madre abnegada a la que, sin justificación aparente, le gusta más el cuello flaco del pollo que la carne jugosa, esa que siempre va a parar a los platos de sus hijos. Dentro de ti hay un padre que parece severo pero se derrite ante la ternura de un niño.

Dentro de ti hay una abuela sabia que tiene argumentos bien armados para muchos asuntos complejos. Hay un abuelo al que todavía los ojos le hacen chiribitas con las ilusiones nuevas.

Dentro de ti hay miles de niños que nacerán en el futuro, miles de futuros que surgirán de las decisiones que tú, una persona cualquiera, has ido tomando.

Dentro de ti hay obras de arte inmensas. Incluso las ruinas guardan vestigios de la gran herencia de quienes ya estuvieron.

Dentro de ti hay un telescopio capaz de mirar al Infinito y de llamarlo con la palabra Padre. Dentro de ti hay un microscopio capaz de descifrar la belleza pequeña de cada día. Dentro de ti hay unos prismáticos que te acercan a los demás. O te alejan, claro, según como los uses. Si los quieres manejar al revés va a ser cosa tuya aunque es una pena.

Dentro de ti hay una mariposa frágil, a la que el desamor y el rechazo dañan profundamente pero sigue volando.

Dentro de ti hay un gigante capaz de caminar kilómetros y de subir montañas, capaz de ver más allá de lo inmediato, de abarcar el horizonte.

Dentro de ti hay un castillo fortificado que encierra un gran tesoro, y allí están también los guardianes de ese tesoro. Son dos dragones feroces y se llaman Miedo y Vergüenza.

Dentro de ti está el caballero andante capaz de luchar contra el miedo y la vergüenza y de abrir el cofre donde el tesoro se oculta.

Dentro de ti hay un cofre que guarda tu intuición, tu conciencia. Que guarda tu Yo, es decir a ti mismo.

Dentro de ti hay una voz que escuchar.

Dentro de ti hay un viaje que hacer. Cuando lo emprendas encontrarás por el camino paisajes claros y oscuros pero aumentará tu fe, aumentará tu esperanza. Te verás igual que todos, vulnerable, pequeño e indefenso. Aumentará tu amor.

Dentro de ti están las manos de Dios. No lo pienses más. Déjate caer.

sábado, 4 de febrero de 2012

Fonteyn y Nureyev


Recuerdo un poema de Borges que empieza con este verso:

¡Es el amor! Tendré que esconderme o huir.

 El amor es enorme y cambia la vida. No es difícil comprender el miedo que le tiene Borges, como se lo tienen tantas otras personas. Pero lo mejor es que no se puede explicar ni definir. Siempre que decimos “es el amor”, nos queda la frase un poco falsa y grandilocuente, porque el amor es como el cielo nocturno, siempre más grande que nuestra percepción de él, más complejo que nuestra definición, más rico que nuestras metáforas. Por eso hay tantísimas manifestaciones diferentes de la relación entre los seres humanos que pueden decir de sí mismas: yo soy el amor.



Y una de las más bellas, en mi opinión, es la consciencia de la presencia del otro. Se da cuando sabes que una persona existe y está, aunque no la veas; cuando, de alguna manera, las cosas que te suceden se desarrollan en su presencia porque, en silencio, se las cuentas.



Me gusta mucho el ballet. Me parece que la danza, cuando alcanza el grado de arte, sublima el cuerpo humano de tal manera que dejamos de verlo para presenciar el alma. El cuerpo de un gran bailarín en escena es alma pura.



Confieso que soy fan de Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev - la mítica pareja de bailarines de mediados del siglo XX - y que colecciono los videos de sus actuaciones que me regala You Tube. Pues bien, siempre se ha especulado sobre si ellos, que fueron pareja artística durante muchos años, estuvieron alguna vez enamorados. Hace poco he leído una declaración de alguien que fue amigo de ambos. Esta persona, preguntada por la relación que unía a los dos bailarines, contestó: No fueron amantes, pero siempre eran conscientes el uno del otro. Aunque estuvieran en una sala llena de gente, Rudolf y Margot se veían, se percibían, se escuchaban. Ellos dos sabían que existían.

Sabían que existían. ¡Cómo no va a ser esto el amor!



El profesor Mariano Martín Alcázar me ha enviado este texto de Bessiere:



Hay seres que «existen» para nosotros.

Están entre los testigos interiores que nos acompañan, que nos dan fuerza y luz para vivir.

Tal recuerdo, tal imagen de hombre o de mujer, me ayuda a vivir, desde hace años.

Necesito saber que esa sonrisa, ese humor, esa mirada, siguen vivos aunque queden lejos en el espacio y en el tiempo.

Si me enterara que se han apagado, el mundo y mi vida quedarían empañados y empobrecidos.

Quizá ellos también necesiten reconocerme y saber que seré siempre su hermano.


Qué bella me parece la expresión: nuestros testigos interiores. Pues sí, existen y son para nosotros una forma del amor.